miércoles, 10 de enero de 2018

Reseña: "La vida del Buscón", de Francisco de Quevedo

La vida del Buscón” (o “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños”) es una novela del género picaresco, escrita por Francisco de Quevedo, y publicada por vez primera en 1626.

Año mil seiscientos, Barroco y Siglo de oro… Estas habrán de ser las primeras palabras que evocará el lector al oír este título, pues es uno de los máximos exponentes de estas fechas y de su autor, reconocido durante tal tiempo y a día de hoy, como una de las figuras principales del barroco y el Siglo de Oro, junto a Lope de Vega y Luis de Góngora.
La historia es contada en primera persona de forma autobiográfica, por Pablos, quien, al comienzo nos, habla de sus padres, un barbero ladrón y su madre, a quien señalaban de realizar brujería. En la escuela, conoce a Don Diego, de quien se hace muy amigo y por ello decide abandonar la escuela para ir a vivir con la familia de este. Después, el padre de Don Diego, decide enviar a su hijo y a Pablos con un hermano, del cual huirán debido a su tacañería. Así, Pablos se convierte en criado de Don Diego. Al abandonar al tío, van a la escuela, donde juntos pasarán momentos amargos por las bromas, pero también otros fogosos.
Sin embargo, tiempo después, Pablos querrá marcharse del lado de su amigo y se aprovecha de una carta enviada por un familiar verdugo, quien le promete un buen cuidado. Pablos se encaminará en un largo viaje hasta Segovia, durante el cual se topará con diversas personas, a las cuales servirá hasta aburrirse, pasando por diversas vidas, siempre permitiéndonos apreciar la parte más ruin de las clases, cometiendo también él diversos actos pícaros. Durante toda la obra, nuestro protagonista brega por ascender a una mejor clase. Y de este tema se burla ingeniosa y sagazmente Quevedo, con numerosos actos y descripciones satíricas, irónicas y exageradas, acompañadas de un humor que vuelve ameno el desarrollo de una narración que se hace densa por culpa de las numerosas metáforas que acompañan la prosa, que presentan el lenguaje barroco característico de esa época.
Suceden muchos delitos los cuales no quedan penados por la ley o la justicia, a excepción de las desgracias que le ocurren al protagonista, que hacen que, además de compadecernos, también nos le burlemos. Esto es porque Quevedo no busca enseñarnos una moraleja sobre la justicia o el bien; sino, solo burlarse de la sociedad decadente de aquellos años.
Como mencioné antes, no debe acercarse a esta novela con la esperanza de hallar un mensaje moral o inspirador para la humanidad; sino, leerlo de una forma desinteresada en cuanto a valores y enseñanzas, de lo contrario podrá decepcionarse.
Durante ese período de la historia, España se vio envuelta en un periodo de decadencia económica, lo que conllevó a la desesperación de sus habitantes, debido a la migración y el embrollo en cuanto al mercado, la sustentación y la vida en esos años donde los picaros debieron verse en aumento, con tal de conseguir un avance social y económico.

Esta obra, pese a pertenecer a la narrativa picaresca, resulta una innovación en cuanto al género, puesto que altera ciertos rasgos clásicos del canon picaresco. Por ejemplo, a diferencia del Lazarillo de Tormes, aquí, el narrador se dedica también a contar cosas las cuales no presenció; su narrativa estilo realismo grotesco, en el cual las exageraciones y lo grotesco pululan…
Se debe leer la novela teniendo en cuenta estos aspectos, para ubicarse mejor en la trama y las situaciones, en una España brillante para el arte, mas opacada para los pobres.   
Recomiendo leer una edición con anotaciones a pie de página, pues de lo contrario podría quedarse perdido en medio de ese mar de metáforas, hipérboles y referencias. Por esto mismo, es una lectura algo compleja o ardua para algunos, pues no es tan sencilla y simple como otras; requiere de análisis y paciencia, debido a su lenguaje complejo para la época actual.    

miércoles, 3 de enero de 2018

Reseña: "Fragmentos para la historia de la filosofía", de Arthur Schopenhauer

Fragmentos para la historia de la filosofía”, es uno de los tratados filosóficos, compuesto de 14 parágrafos, que constituyen parte de la extensa última obra del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, publicado por vez primera en 1851, años anteriores a su muerte, durante los cuales logró el reconocimiento del que había sido privado durante la mayor parte de su vida.
En “Fragmentos para la historia de la filosofía”, Schopenhauer se dedica a estudiar y dar su opinión sobre ciertas figuras enmarcadas en la historia de la filosofía hasta ese entonces; desde los presocráticos hasta Kant y Hegel. A algunos les da méritos y a otros como a René Descartes les contradice.  


Durante el primer parágrafo, Schopenhauer, expone sobre aquellos eruditos que se dedican a cotorrear siempre las mismas palabras de los filósofos, limitándose a decir lo que ya todos saben, haciendo que los jóvenes estudiantes se inclinen más por leer a quienes explican el pensamiento de los intelectuales, en lugar de leer directamente a un autor.

“Leer toda clase de exposiciones de sus doctrinas, o la historia general de la filosofía, en vez de las obras originales de los filósofos, es como si uno se hiciera masticar la propia comida por otro.”

Partiendo desde este punto, sigue hablando del aporte de cada uno de los presocráticos, pasando por Sócrates, Platón, Aristóteles, el gnosticismo, hasta Descartes, Kant y otros. Se ha de destacar también que dedica una extensa parte para cuestionar a Dios, no solo el Dios del cristianismo, sino también dios en el panteísta, o criticando el ateísmo inclusive y el budismo. Analiza aquí, Arthur, la idea del creador y del mal y la relación que habría de existir entre ambos.

“Por el contrario, si un ser debe ser moralmente libre, no puede haber sido creado, sino que debe tener la aseidad, es decir, una existencia primordial existente en virtud de su fuerza y de su omnipotencia propias, y que no está subordinada a otra.”

Entre otros temas a cuestionar en esta obra, se encuentran el tiempo, la libertad, temas kantianos como el noúmeno y el fenómeno… Y hablando de ello, habrá de ser necesario, leer de vez en cuando al menos los meros conceptos sobre ciertos temas, puesto que el autor, en lugar de detenerse a recuperar definiciones, parte ya desde la idea de que el lector los conoce –en la mayoría de los casos–. Especialmente en el parágrafo 13, donde se dedica a analizar el pensamiento kantiano, en el cual, además de ello, se atreve a señalar los aspectos en los cuales Kant, figura a la cual Schopenhauer admiraba mucho y de la cual se considera sucesor, habría de errar.   
En su obra, Schopenhauer, se dedica, a la vez, a expresar su reticencia por la filosofía de Hegel y critica a esta, dejando ver la clara antipatía hacia este, por el cual se le recuerda, por la oposición de sus filosofías. Así, expresa que, pese a la malaventura, algún día sus obras y filosofía pasarán a tener el reconocimiento merecido, casi en forma profética.

“Privado de toda incitación externa, solamente el amor a mi obra ha mantenido mis esfuerzos durante los numerosos días de mi existencia, y no me ha permitido cansarme; entonces he podido mirar con desprecio la gloria ruidosa de lo malo. Pues, al entrar en la vida, mi genio me puso ante la elección de reconocer la verdad, pero no agradar a nadie con ella, o enseñar, con los demás, lo falso, entre seguidores que aplaudan.”

Este libro no pretende ser un ensayo en el cual se pretenda dar una cátedra simplificada de la filosofía, expuesta para alumnos, si no, meras reflexiones y análisis del autor sobre esta. Su lectura no resulta tan densa, excepto por ciertas partes en las cuales, Arthur Schopenhauer, se dedica a hablar sobre el pensamiento kantiano. Sin embargo, a mí me resultó amena para ver otras perspectivas sobre diversas corrientes y autores.  


domingo, 10 de diciembre de 2017

Reseña: "El Paraíso en la otra esquina", de Mario Vargas Llosa

El Paraíso en la otra esquina”, es una novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa, publicada en marzo de 2003.

Tercera vez que tengo el gusto de leer y reseñar una obra de este hombre y es una dicha el que la satisfacción siga en línea recta, sin defraudarme aún; empero, no supera a mi última obra leída de él: La casa verde. Aunque, como mi fin no es compararla con esta última ni que la supere, me limitaré a expresar que fue una buena elección y me satisfizo mucho.
Esta novela consta de dos historias paralelas: por un lado se nos narra la historia de Flora Tristán y por el otro, el de su nieto, Paul Gauguin. Ambos son personajes históricos y el escritor busca que los sucesos literarios sean leales a la realidad. Flora es una mujer valiente, inteligente y líder admirable; en el libro se nos muestra su constante lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y los obreros, en medio de una época en la cual las mujeres no reinaban en lugar más allá del hogar y de la subordinación machista, y de la ingratitud burgués con los obreros mal pagados, los cuales, además, no se preocupan por defender sus derechos. Y es Flora quien se esfuerza por esto, de despertarlos y ver la injusticia en la que viven, aunque su libertad, orgullo o fama dependan de ello. Una mujer digna de ser recordada y apreciada, debido a sus hechos precursores del feminismo y el socialismo. Curiosamente, yo no sabía de su existencia sino hasta esta lectura.
Del otro lado, Paul Gauguin es un pintor que no descubre su arte y condición de humano sino hasta después de los treinta. Pues es a esa edad que se comienza a interesar por él y huye de esa cotidianidad de la clase alta. Abandona su trabajo en la bolsa de valores –y en cadena, también a su esposa–, para dedicarse a ese sueño tardío de explorar su pintura. Para ello, abandona esa condición de vida noble que lo retiene de explayar su alma como en verdad le gustaría que fuese, alejado de esas normas morales llenas de prohibiciones, pecados y señalaciones. Pasa de ser, como él lo dice, un rico a ser “un salvaje”. Se mantendrá viviendo en Tahití y ciertas islas de occidente, rodeado por comunidades indígenas, las cuales el cristianismo aún no logra despojar de sus costumbres salvajes e impuras donde pululan dioses y ritos donde la libertad florece, tanto en el sexo como en las emociones. Y es esta vida sin atenerse a opresivas morales, que hacen que Paul quiera reflejar su ser y pasiones en su arte.
En el libro hay numerosas escenas sexuales, las cuales, pese a no ser tan minuciosas, logran describir la pasión vivida en esos instantes. Y hablando de ello, el sexo y la homosexualidad es uno de los temas que alcanza a rozar el libro, junto al catolicismo que, desde la perspectiva de los protagonistas, es una doctrina que nos retienen de la libertad y nuestros ideales. Esto además de, claro, la profunda crítica a la injusticia, tanto desde los ojos de Flora Tristán, enfocándose en el feminismo y socialismo y desde los ojos de  Paul Gauguin, en cuanto a las pasiones y el arte.
Gracias a esta obra podemos sentir lo mismo que sintió Paul cuando pintó diversos cuadros que, más allá de su estética, guardan un valor simbólico que se nos desvela conmovedoramente; y lo mismo que sintió Flora Tristán ante su lacerado marido, quien quiso matarle e hizo que repudiara el sexo y se viese imposible de amar a un hombre.
Aquí, Mario Vargas Llosa, maneja una prosa emotiva, que nos hace acompañar a estas figuras en sus momentos más difíciles, transmitiéndonos esos nervios, miedos y desesperaciones vividos por dos personas hace años. Es imposible no envolverse en esta trama tras cada capítulo, donde somos testigos de cada suceso. Me hizo estar atento a cada palabra, en especial en las últimas líneas, donde ese paraíso y esas biografías más irradiaban, a punto de acercarse al punto que indicaba el final.
En la novela se hacen referencias a ciertos personajes históricos más –a veces hasta entran a participar en la historia–, tales como Karl Marx o  Vincent van Gogh. En el caso de este último, no se le llama por su apellido, si no por su nombre y por cierto apodo el cual no desvelaré, para que sea el lector quien lo descubre; le será fácil, porque además se usan frases reales que van Gogh dijo sobre la obra de Gauguin.

Cada uno, pese a sus diferencias y lejanías, tanto cronológicas como cualitativas, conservan coincidencias: la lucha por ese paraíso en el cual se vislumbran sus deseos en esta vida, sin aguardar a encontrarlos al morir. Cada uno defiende hasta la muerte sus utopías, las cuales les impulsan a seguir. Por una parte, Flora lucha por la extinción de la injusticia con las mujeres y los obreros, y por el otro, Paul busca la perfección de su arte en el cual se refleje su vida, pero antes de ello, consiguiendo una vida la cual le satisfaga, en medio de esa comunidad indígena; cada uno es feliz a su manera, tanto Flora como Paul. 
Y precisamente este el argumento central de la obra. El ideal humano perfecto; la utopía; esos sueños que luchamos por realizar, mostrándonos que requerimos de esas idealizaciones, a pesar de las fatalidades, conmoviéndonos a través de las letras que muestran el brego de ambos personajes.
Me hacen falta palabras para terminar de expresarme sobre esta novela. Pese a su tamaño, lo leí rápido, gracias a la prosa e historia que me retenían de descansar y dejar a la espera el desenlace de aquellas dos vidas, las cuales, aunque lejanas, coinciden en aquella utopía característica de los humanos.  

viernes, 1 de diciembre de 2017

Crítica: "En pie de guerra", de Carlos Cuauhtémoc Sánchez

En pie de guerra” es un libro publicado en 2006 por el autor mexicano Carlos Cuauhtémoc Sánchez, perteneciente a la saga “Sangre de Campeón”.

Desde mis inicios en el institutos nos han impuestos libros de Carlos Cuauhtémoc, en los cuales se nos prometían novelas emocionantes, cargadas de valores y enseñanzas, donde, a la hora de hablar de estos, se mencionaba mil veces más las “enseñanzas” antes que los otros factores igualmente importantes como la trama, el desarrollo de la historia, la prosa, la narración, los personajes… eclipsando la ética a la estética. ¿Y esto por qué? Porque cada uno de los libros de la saga de Sangre de Campeón, lo único en lo que buscan resaltar, es en las moralejas “bonitas”, puesto que carecen de todo lo demás –e inclusive, las enseñanzas que se buscan a dar no es que sean hechas de forma ingeniosa o muy sinceras…  
En esta ocasión me han dejado a leer un nuevo libro de este señor –que por suerte es el último que me impondrán de él–. Gracias a esto les presento esta crítica. En el momento en que lo tuve en mis manos, debido a que el año anterior tuve que leer “Un grito desesperado” (el título describe perfecto cómo quedé al leerlo), pensé en malas expectativas. Y sin embargo, decidí  olvidarme de ello y solo adentrarme a mi tarea, pensando hasta en hablar de él al acabarlo.
La historia es acerca de la vida de Felipe y cómo se enfrenta a las drogas día a día, rodeándoles estas siempre sin percatarse. Y hablando de Felipe, es puntual comenzar diciendo que, los personajes, incluyendo al propio Felipe, ¡son capaces de acumular información aprendida de memoria! Esto porque son personajes difíciles de creer, los cuales en verdad carecen de notabilidad o por lo menos de personalidad. Y en el momento en que empiezan a hablar sobre las drogas, es mucho peor; en ese instante pareciera que, en lugar de ser una persona contándole a la otra, fuese una computadora recitando un texto de Wikipedia o El rincón del vago.
Al ser run libro cuyo fin principal es tocar un tema específico, de forma educativa, y hacer que los lectores se interesen y adentren a él, debería de cuidar que las partes en las que empieza a abordar dicho tema, no se haga tedioso o se perdiese esa conexión lograda por quienes hablan y pase a parecer un aburrido documental. En pie de guerra cae en este error. Libros con esta misma forma como “El mundo de Sofía”, si bien es cierto que se explayan mucho sobre la información, por lo menos durante dicha exposición de conocimientos, no se siente tan densa la cátedra. Pero Cuauhtémoc, al parecer nunca leyó obras de ese estilo. A veces la catedra sobre las sustancias psicoactivas no encaja con el momento, tornándose incomoda.  
Incluso, cómo es posible que mientras una niña se esté muriendo por sobredosis, el doctor, en lugar de estar pendiente a su trabajo y a los afectados, se empeñe en tomarse largos minutos para hablar extensamente de una droga, como si tuviese al frente eruditos que no les importa la salud de la muchacha, sino aprender sobre las drogas; y encima, quienes le oyen, en vez de reaccionar nerviosos y aterrados tras cada palabra agobiante, volcán toda su atención sin inmutarse y cuando llega la hora de reaccionar, el narrador describe unas cuantas preocupaciones inverosímiles apenas. Además, en otro capítulo, a la prima de Felipe, Itzel, la piropea un sujeto que se sospecha de ser responsable de haber drogado a la jovencita que se moría, y el tío, en lugar de demostrar inquietud o cólera, como haría cualquier caballero u hombre irracional, casi ni reacciona.
La narración es pobre. Está en primera persona, siendo Felipe el encargado de ello y aun así, por momentos se siente como si fuera un narrador omnisciente en tercera persona, pareciendo que quien escribió no tuviese experiencia en la escritura, por tal ambigüedad fácilmente evadible que genera. Los eventos y giros suceden raudos. Por ejemplo, en el mismo día en que a Felipe casi se mete en un problema, porque encontraron en su casillero drogas, la chica que lo defiende, a la salida le invita a una fiesta, y en la siguiente página ya se encontraban bailando. Y lo peor es que dicha chica, llamada Jennifer, le confiesa a Felipe que está enamorada de él. Pero… ¡ese amor no se lo cree ni cupido enguayabado! En lugar de tomarse un tiempo para hablar de ese romance y cómo esos sentimientos fueron germinando en el corazón de los dos adolescentes, o dar una introducción sobre esto, para hacer más creíble o enganchar y crear más apego por esa relación, ya que no termina de convencer, el autor decide limitarse a contar cuando esta le dice que le ama y cuando él nos confiesa que siempre la había amado –expresado de forma simple, que no trasmite nada.   
Y no es solo en ese amorío pobre que ocurre; durante todo el desarrollo la prosa carece de descripciones que logren hacer afable las palabras.  
Otro defecto yacente en la obra es cierto grado de petulancia y discriminación hacia grupos como los emos, darks y metaleros. En una parte, mientras Felipe caminaba por una calle llena de puestos de este tipo, asustado, hace el siguiente comentario al narrar:
“Procuro calmarme y pensar que se trata solo de jóvenes comunes y corrientes.”
A ver… Aunque hagan actos extrovertidos o cosas que resulten llamativas o raras, eso no quiere decir que sean alienígenas provenientes de alguna estrella mórbida a años luz de distancia cuya cultura resulta tan alejada de la humana. También, Cuauhtémoc, al describir a los metaleros, no pudo haber encontrado otra forma más patética e ignorante, diciendo que son sujetos que siempre andan con camisas de bandas de metal y que “escuchan  Thrash metal, Death metal y todo lo que termine en metal”. ¡Por favor, qué pedazo de descripción acerca de una persona que escuche Metal! Esperen… ¿que los metaleros también pueden vestir con ropas que no sean negras y esta es una forma muy banal y anticuada de referirse a ello, notándose que se es un desinformado prejuicioso? ¡Pues claro, señor Carlos Cuauhtémoc!  
Y como si no fuese suficiente, faltan los dos últimos puntos negativos a nombrar; la cereza en el pastel. A partir de este punto se presentan spoilers que podrían arruinar la experiencia para quienes deseen leerse por su cuenta el libro, así que recomiendo, si no desean saber ciertos aspectos finales, detenerse aquí e ir hasta los renglones concluyentes.  
El desenlace es un pobre cliché. Es el típico caso en el cual la niñita inocente, que no mataría ni una mosca, termina siendo la autora intelectual del crimen, acompañada de otra trivialidad: lo hizo porque estaba enamorada del protagonista; siempre lo estuvo, mas él ni siquiera sabía que existía, y por ello, llena de celos y enojo, debía matar a la competencia, la mujer que era dueña del corazón de su “crush”, porque le guardaba envidia, ya que era lo que ella quería ser y además tenía el corazón de Felipe.  
Y en la cima se encuentra que, diversos sucesos se resuelven de manera sencilla. Desarrollo de casos innecesarios que aunque aporten información, no tienen una justificación de ser. Es decir: Deus ex machina. Y si bien, es cierto que hay escritores que usan este recurso, al menos algunos lo hacen de forma entendible o perdonable, como es el caso de algunos griegos (Eurípides, Sófocles…). Pero en el caso de Carlos Cuauhtémoc, el descarado recurre mucho a él. Hasta para cerrar el basurero. Al final, Felipe está a punto de ahogarse, porque cayó al agua borracho (vaya idiota donde hubiese muerto así; aunque hubiese sido hasta un mejor final eso), de la nada llega un ángel llamado Ivi (literalmente, tal cual, un ángel) y le sermonea acerca de alcohol y su estupidez, salvándole la vida. Este ángel es un personaje que aparece en el primer libro de la saga: “Sangre de campeón”, por lo cual para quienes no lo hayan leído se les tornará sumamente raro e inexplicable. Esto da la impresión de que la obra no lograse sustentarse por sí misma sin recurrir a personajes olvidados de tres libros atrás. Pareciera que al escribir ese capítulo, el autor estuviese desesperado por encontrarle salvación a su personaje y recuerda que tiene un ángel; sirviendo Ivi de “Deus ex machina”.

Cuando estás a punto de ahogarte, pero te salva
el ángel que conociste años antes.

Oh, y la moraleja, ese aspecto positivo que los fanáticos de la saga idolatran, en realidad, no es tan buena, ya que, si bien dice que no consumamos drogas (pero, eso es algo que hasta un violador podría decir y nadie le aplaude), la forma en que lo da a entender, es de una forma muy radical, en el sentido que prohíbe de forma severa hasta el alcohol y las bebidas energéticas, como si fuesen el mayor pecado realizable por un humano. El mismo Felipe lo dice, al prometer que nunca tocará siquiera aun mínima gota de cebada: “Y eso jamás cambiará…”. Ello, acompañado de la notable religiosidad extremista. No he dicho que la religión esté mal, si no que cuando se dice de forma tan radical, al igual que cada cosa en la vida, resulta ofensivo e incómodo.  

No obstante, no todo es malo. Entre los aspectos positivos del libro están:
…. Que es el último libro de la saga que escribe este man :v (Okno).
En realidad, entre las cosas que le darían puntos, en la cima se posa su tema: las drogas. Es un tema amplio y del cual se le debe hablar a los jóvenes; es cierto. Aun así, no es tampoco un manual implacable y minucioso sobre ellas, como lo quieren dar a vender las editoriales y el propio creador, cuando dice que su libro “no puede faltar en tu biblioteca”. En lo personal, considero pedante el que un autor se exprese de su obra diciendo que es indispensable, puesto que en lugar de sentenciar afirmaciones narcisistas, debería permitir que fuese el lector mismo quien decidiese si obtenerlo o no –esto no implica que deba dudar entonces de su calidad, aunque en el caso de Cuauhtémoc… sí se debe dudar de su calidad, ya que no tiene tal cosa.
Pese a la ignominia expresada, debo admitir que la parte en que Felipe y su padre van a un centro de estudio de drogas y se topan con un muralista, es rescatable. El mural del pintor es ingenioso, debido a su creativa interpretación.    
Además, lo bueno es que al ser un libro sencillo de leer, sirve para adentrar a alguien en la lectura –pero habiendo mejores opciones–; El error está cuando se estancan en lecturas de este tipo.
Una obra simple, no muy trabajada más allá de la recopilación de información. No la recomendaría, salvo por su tema. No le daré ninguna calificación, puesto que esto no es una reseña; pretendo sí dar mi opinión de la obra, empero no en sentido calificativo sino, analizador y estructural. No obstante, creo que está muy claro que no me gustó –tampoco es que sea la peor cosa que haya leído.   


lunes, 27 de noviembre de 2017

Reseña: "Angelitos empantanados o historias para jovencitos", de Andrés Caicedo

Angelitos empantanados o historias para jovencitos”, es una obra póstuma del escritor colombiano Andrés Caicedo.
Es una de las obras más famosas del escritor, más que por su originalidad quizás por su valor simbólico y representativo de una sociedad. Es una novela que se divide en tres capítulos: “El pretendiente”, “Angelita y Miguel Ángel” y “El tiempo de la ciénaga”.
Cuenta la historia de Angelita y Miguel Ángel, dos jóvenes de la clase alta, quienes se enamoran y se topan con las trivialidades del amor juvenil, y con la bruma existencial que se les presentan en medio de aquel aburrimiento que les brinda la fortuna, puesto que pese a las fiestas, los amigos, los lujos, se hallan con agonías. Podría decirse que pese a tener una vida burgués, llevan una existencia aburrida.
La primera parte del libro es narrada por un enamorado de Angelita y sin embargo sus planes no resultan tan gratificantes para ese amor, mas sí para su futuro. En este pasaje, el escritor nos desvela una visión sobre el destino de los amados, que consiguen triunfar sobre las esperanzas del frustrado “Pretendiente”.  
Luego, en el segundo pasaje, entran a describir a profundidad la vida de Angelita: su alcohólico padre; su frustrada madre; su extraño hermano… y sus complejos, que son aliviados por el drama del amor con Miguel Ángel, del cual se nos ilustrará durante los dos capítulos finales, contándosenos los problemas y destinos por los que pasará aquel amor.

«Y mi mundo mide 3x1.76 metros. Y mi mundo posee 3 centímetros de cielo limpio, más allá de los árboles, más allá de los edificios de 52 pisos que levantaron al otro lado del alambre de púas, y que me robó casi todo el cielo de mi mundo».


Miguel Ángel, es un muchacho que vive con una madre que permanece desalentada y en cama, curioso por nuevas amistades; Angelita, una joven que se enfrenta a una situación familiar difícil. Algo que puede sonar absurdo a simple vista, pero que toma sentido al leerse el libro, es el detalle que, ambos personajes poseen el cuidado de policías en sus casas y el que Angelita le pide el favor a Miguel Ángel que siempre le despierte a cierta hora, ya que, por su propia cuenta le es imposible y cuando su papá se encarga de ello, sus padres terminan pelándose.     
La novela a simple vista puede parecer simple; empero, es el reflejo de las experiencias juveniles. La prosa de Caicedo, la vida de los personajes que, pese a parecer simple, se desenvolverá en dramas, y que sirve como reflejo en menor grado, de la violencia y conflictos de Cali, por aquellas épocas de 1970, donde aquellos jóvenes burgueses interactuaban con muchachos conflictivos de la clase baja, llenos de problemas y malicias, donde descubrimos un paralelo entre diferentes clases sociales, pero que, al final, terminan igualmente en angustias.
El libro es fácil de leer y da la impresión de que vaya dirigido más a un público semejante a los protagonistas de la historia. Su lectura me pareció afable, por la forma en que se construye y desarrolla. Si bien no es lo mejor de su autor, sirve como introducción a su literatura y como lectura amena, ligera; no obstante, con la calidad literaria característica de Andrés Caicedo.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Reseña: "Apología de Sócrates", de Platón

Apología de Sócrates”, es una obra del filósofo Platón, encargada de narrar cierta perspectiva de la defensa de Sócrates ante el tribunal ateniense, que le acusaban de corromper a la juventud y no creer en los dioses griegos.  

«Si creéis que matando a los hombres evitaréis que alguien os reproche vuestra vida irregular, no razonáis con rectitud. Pues vuestro comportamiento no es eficiente ni digno, y sólo hay uno más bello y noble: tratar de que cada uno llegue a ser lo mejor posible. »


Sócrates, el filosofa probablemente más importante para la historia de la filosofía en occidente, puesto que es este quien consigue imponer un comienzo a esa racionalidad que se venía presentando años antes por parte de sus antecesores, los llamados presocráticos. Y este apelativo sirve para reiterar su importancia en el tiempo. Es en esta obra que nos dirigimos a un periodo importantísimo de la historia, donde verdaderamente la filosofía pasa a crear al primer eterno Sócrates, puesto que es con este suceso, con su muerte, que nace el Sócrates eternizado y aclamado por muchos que los eruditos conservan hasta hoy y conservarán hasta el mañana lejano, sin que deje de causar interés, tanto su vida como sus pensamientos, los cuales vendrían a ser lo mismo que su propia vida, puesto que durante la defensa de su existencia, estaba también intentando salvaguardar su razón, que era lo que le otorgaba vida y lo que se encargó de inmortalizar su vida, la cual se fundió con los otros aspectos.
Leí este libro por vez primera a mediados de este año, y ya que lo releí este mes en busca de cierta frase que no había señalado, aprovecho para –además de volver a jactarme con sus páginas–, hacerle una reseña a tal creación, digna de ser reseñada, estudiada, y aplaudida.  
La obra parte desde la propia voz de Sócrates, quien desde el inicio domina audazmente el tema, buscando su salvación; mas no humillándose ante sus acusadores, si no, demostrando con razón por qué los cargos por los que se le señalan son insustanciales, llegando hasta a dejar en ridícula las afirmaciones de sus acusadores, gracias a su construida argumentación.
En este dialogo socrático, el protagonista se expresa de una manera emotiva, donde se llega a sentir exaltada la filosofía y la sabiduría, por la forma en que se refiere a ellas y da valor de sus importancias. Además de ello, aparece aquí la célebre frase: “Solo sé, que nada sé”, donde más que admitir su ignorancia para abrirse a la adquisición del conocimiento, Sócrates responde a la incógnita que circundaba por el pueblo sobre si él era el más sabio de los hombres.
Tal incógnita fue contestada en afirmación por el oráculo de Delfos. Y como este –tenían la creencia los atenienses– jamás se equivocaba, Sócrates se dio, curioso, a la tarea de hallarle significada a tal premisa, puesto que no se consideraba tal cosa. Entonces nuestro filosofo acude donde los hombres que se jactaban o señalaban como los más sabios de Grecia, entre los que he de destacar a los poetas. Sócrates vio que en realidad estos no eran tal cosa que decían ser y hasta los encontraba inferiores en cuanto a cualidades cognoscentes. Y es entonces cuando por fin interpreta lo dicho por el oráculo: él era más sabio que todos los otros que se ufanaban de su saber, puesto que, pese a no saber mucho, era cognoscente de su ignorancia y al aceptarla, esto le acercaba más al conocimiento en el sentido que le permitía sobrepasar a aquellos pretencioso; por ende, era sí cognoscente y sabio, ya que no negaba su desconocimiento. Y por ello termina diciendo “solo sé que nada sé”. Aunque la frase en verdad es más larga, y esta que leemos es una síntesis de la original, la cual es la siguiente:
“Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo].”
Así, el filósofo logra contradecir el argumento acusatorio, en un extenso discurso que consigue darle la vuelta a la verosimilitud de las declaraciones. Pese a su prolongamiento, esto es necesario para que su defensa sea hermética. Alguien le pregunta:     
«¿No te avergüenza, Sócrates, el que te veas metido en estos líos a causa de tu ocupación y que te está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida?»
A éstos les respondería, y muy convencido por cierto:

«Te equivocas completamente, amigo mío, si crees que un hombre con un mínimo de valentía debe estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte antes que por la honradez de sus acciones, preocupándose sólo por si son fruto de un hombre justo o injusto. Pues, según tu razonamiento, habrían sido vidas indignas las de aquellos semidioses que murieron en Troya, y principalmente el hijo de la diosa Tetis, para quien contaba tan poco la muerte, si había que vivir vergonzosamente, que llegó a despreciar tanto los peligros, que, deseando ardientemente matar a Héctor para vengar la muerte de su amigo Patroclo, a su madre, la diosa, que más o menos le decía: "Hijo mío, si vengas la muerte de tu compañero Patroclo y matas a Héctor, tú mismo morirás, pues tu destino está unido al suyo”. Después de oír esto, tuvo a bien poco a la muerte y el peligro, temiendo mucho más el vivir cobardemente que el morir por vengar a un amigo, replico: “Prefiero morir aquí mismo, después de haber castigado al asesino, que seguir vivo, objeto de burlas y desprecios, siendo carga inútil de la tierra, arrastrándome junto a las naves cóncavas”.»

Cabe aclarar que, esta no es una obra que pretenda estudiar de forma minuciosa ciertos temas y filosofar a profundidad, o ser un libro para ser analizado por eruditos que presumen de comprender a Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Hegel… Pretende más bien, solo enseñarnos una perspectiva sobre la condena injusta de Sócrates, más allá de las cualidades que el lector le encuentre desde su subjetividad. De hecho, su comprensión no es lidiosa y es de esos libros por los cuales se puede comenzar a leer directamente a los filósofos –en este caso, a Platón.    

En el libro se habla constante de la sabiduría, la muerte... Al Sócrates estar expuesto a una condena de muerte, este se da a la tarea de expresar su tranquilidad ante la idea del más allá, puesto que para él, temerle a la muerte sin conocerla, es presumir de conocer algo que se desconoce. Y ya que no tiene pruebas de si es mala o buena, no se inmuta ante el pánico; la vislumbra con entusiasmo y optimista, creyendo que encontrará la respuesta al enigma que turba a muchos: ¿qué ocurre al morir? Esta pasión por el conocimiento que sobrepasa los temores, por medio de la curiosidad digna de un científico y filósofo, sumadas a la defensa del valor de la filosofía y de la sabiduría, expresados de forma serena y clara, hacen de la Apología de Sócrates una obra emotiva y afable que brinda perspectivas sobre estos temas, capaz de anidar esa sensación de asombro y reflexión en el lector.



  

lunes, 13 de noviembre de 2017

Reseña: "Ben-Hur", de Lewis Wallace

Ben-Hur” (título original: Ben-Hur: A Tale of the Christ, literalmente Ben-Hur: una historia de Cristo), es una novela épica, del escritor estadounidense Lewis Wallace, publicada en 1880.

Probablemente una obra cuyo nombre es famoso gracias a la película basada en esta. Pertenece también al género de Novela histórica, ya que se centra en un periodo histórico muy importante: los tiempos de Jesús, extendiéndose hasta los inicios del cristianismo. Se aprovecha de la historia para que la ficción al entrelazarse con la realidad, se confunda y consigan una emocionante historia donde las referencias y sucesos abundan con gotas de acción y drama.  
Durante las primeras líneas, se delinean los paisajes hebreos, por donde pasa un hombre el cual se describe con minuciosidad. Más adelante, dicho individuo se encuentra con otros tres semejantes a él, quienes viajaban por un mandato de fe proveniente del mismo Dios, quien le iluminó a cada uno, miembros de diferentes religiones (un indio; un griego y un egipcio). Nos enteramos, gracias al testimonio de cada uno, que, tales hombres eran Baltasar, Melchor y Gaspar –los tres reyes magos–. En esta parte la curiosidad se manifiesta, por la intervención de tales figuras dentro de la ficción.  
En los siguientes capítulos, se narra la travesía de aquellos en busca de aquel que había nacido Rey de los Judíos. No es hasta después de esto que, aparece la persona que le da título a esta novela: Judá, Ben-Hur.    
Judá es un muchacho de fe cristiano, de espíritu guerrero. Tras muchos años separados, su amigo Messala vuelve a Jerusalén, llevando cinco años de vivir en Roma. Al volver, su antiguo ser había desaparecido, puesto que había adquirido los dioses, pensamientos y costumbres del pueblo romano. Discutiendo sobre las diferentes deidades a las que alababan y sobre los logros de cada lugar, Messala hiere el corazón de su amigo, por sus arrogantes y pedantes palabras, las cuales humillaron al pobre Judá.
Ben-Hur, interpretado por Charlton Heston

A pesar de los años de ausencia, desde aquel día en que se volvieron a ver, esa amistad se rompió. Más adelante, mientras Ben-Hur se lamentaba en el techo de su casa, pasaba el emperador Graco en compañía de sus hombres, y en esas, por accidente, un ladrillo cayó sobre este. Messala le delata con fines malévolos y debido a esta malaventura, la familia Hur pasará al miserable martirio… Ben-Hur es condenado a la esclavitud, mientras que sus riquezas quedan en manos del gobernador. Y así, no vuelve a saber nada de su familia, siquiera si viven o mueren.

“El joven judío sintió afirmarse su resolución de aniquilar a toda costa a su enemigo; aunque tuviera que arriesgar su vida, le humillaría. Premio, apuestas, honores, amigos, todo aquello que excitaba a los otros no tenía para él interés alguno; todo dejaba de existir ante su implacable propósito de venganza.”

El punto del libro consistirá en la aventura agotadora por la que pasará Ben-Hur para huir de esa esclavitud, para así, conseguir sus dos anhelos. El primero, venganza de aquel que pisoteó su honor y le humilló sin piedad; el culpable de esa condena: Messala. Y, el segundo, recuperar a su mamá y su hermano, lo cual será lo más arduo. Además de ello, tendrá gran influencia en la historia el personaje de Jesucristo, puesto que, al enterarse el protagonista de que ha llegado el hijo de Dios al mundo, desea buscarle para venerarlo, entusiasta de conocerle.  Jesús pasará incluso a ser un personaje más, encargado de conectar y guiar la historia hacia su fin, participando en ella de manera considerable.   
Uno de los factores más destacables del libro es precisamente ese ingenio que tiene el autor para relacionar la historia con la ficción, donde, sin importar la religión que tenga el lector –o aunque no sea creyente–, termina envuelto por cómo interfiere la realidad en el drama. Gracias a esto, podemos adquirir conocimientos sobre aquellos tiempos: las costumbres, pensamientos y demás. Nos enteramos de las discusiones constantes de entonces, como la creencia en que el rey de los Judíos, más que un humilde sería un guerrero con corona; o, los conflictos que se daban entre los diversos pueblos, como Grecia, Roma, Jerusalén… debido a la divinidad bifurcada en cada zona.

Las pasiones que se desatan durante el transcurrir de las aventuras, aviva la emoción, que por momentos pueden verse heridas por la densidad de algunos capítulos y los diálogos, que, para algunos, como cualquier clásico épico, parecerán lidiosos, o para otros, cargados de un lenguaje hermoso.  
Historia, amor, venganza, acción, drama… serían las palabras que mejor describirían esta obra. El libro de Lewis Wallace, podrá crear distintas opiniones: unos la considerarán una intensa aventura, y otros una obra que por momentos se hace densa. En mi caso, me gustó mucho, por su detallista prosa; su léxico; sus personajes llenos de sentimientos; sus referencias históricas que intervienen con el drama ficticio, que se tornan sorprendentes… aunque deba reconocer que por instantes, me sentía en el mismo lado de quienes se les hace denso el libro en ciertas partes.