lunes, 18 de septiembre de 2017

Reseña: "La casa verde", de Mario Vargas Llosa

La casa verde”, es la segunda novela del Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa, publicada en 1966.

La primera vez que decidí leer un libro de Vargas Llosa fue con La ciudad y los perros. ¿Qué mejor que comenzarle a leer mediante su primera publicación? Y fue una elección acertada, pues logró atraparme y que tuviese sed por leer otra obra suya, siempre y cuando fuese igual o mejor de buena, pero diferente; nada de repeticiones con distintos nombres, o segundas entregas inferiores a los antecesores. Y, para mi fortuna, así fue, gracias a La casa verde.
Este libro recoge diversas historias, en las cuales varían los protagonistas, cambiando en cada capítulo de narrador y de historia. A veces, dicho cambio se hace denso y confuso, puesto que, el flujo de voces, se llega a dar incluso durante un mismo capítulo e incluso en una misma frase.
Se desarrolla en dos escenarios: la ciudad de Piura y Santa María de Nieva, sede de una misión religiosa española y un puesto de la Guardia Civil, donde las comunidades indígenas de la amazonas son reprimidas.  
Los principales individuos y sub-tramas son:
  • Don Anselmo, un viejo arpista que se instala en Piura y decide, en una idea singular y loca, construir una morada a las afueras de la ciudad, en el desierto, aislado. Los Piuranos, se muestran al principio, pesimistas y hasta lo tildan de demente, pero, a medida que ven su avance, terminan  ayudándolo. Y lo consigue. Su construcción peculiar termina siendo un prostíbulo, el cual llama “La casa verde”, por sus características. Esto alegra a algunos, y especialmente a los hombres (algo de esperarse, por supuesto), en cambio, a otros, como las esposas, les angustia. Al Padre García, le llena de cólera y exasperación tal creación inmoral, blasfemante y promotora de pecados, impurezas y basta lujuria, como él la veía y por lo cual llegó a desarrollar aversión por Don Anselmo.
  • Por otro lado, tenemos a Lituma, quien fue en su pasado sargento y se encuentra de vuelta en Piura, tras haber salido de la cárcel, para unirse de nuevo a sus tres amigos, los León, con quienes, entre los cuatro, conformaban el grupo de “los Inconquistables”.
    Esta parte se concentra en las andadas, relativas a La casa verde, el disturbio y demás entre los Inconquistables, tras el reencuentro. Cuarteto de vagos y vividores sin preocupaciones o metas. Sin embargo, en su regreso, Lituma recibirá diversas noticias, ocurridas durante su ausencia, las cuales le desconcertarán o enojarán.

“Eran los inconquistables, no sabían trabajar, 

solo chupar, solo timbear, 

eran los inconquistables y ahora…”

  • A la vez, está Fushía, un bandido japonés, que se dedica a trabajos ilegales para poder vivir. Soberbio que no respeta lo más mínimo la ley y por momentos egoísta. Debido a sus ocurrencias debe cambiar seguido de localidad. Tiene como mujer a Lalita, una pobre mujer a la cual Fushía maltrata, y de manera psicológica en especial. Fushía no es para nada un marido ejemplar; todo lo contrario, hasta se llega a sentir odio por él, debido a su trato con la pobre Lalita, quien a veces hasta se humilla, sumisa a este. Como los otros, tendrá numerosos problemas y adversidades, y, su desenlace, es uno de los más destacables de la obra.

Vale mencionar a la vez a otros personajes como Bonifacia, quien es expulsada del convento donde fue criada y luego conoce a varios personajes, como Lituma con quien tendrá una relación. Sirve de hilo conector entre ciertas historias, ya que su pasado y su futuro se sitúan junto a diferentes personas de la novela, al igual que Lalita, Lituma, y otros, como La Chunga, hija de Anselmo, el cabo Nieves, Aquilino, etc.
Los personajes, en ciertas ocasiones, usan modismos, lo que da mayor toque de personalidad.  
La obra no tiene un tiempo definido, los hechos ocurren en desorden, a veces se cuentan en el pasado, a veces en el futuro… Es labor del lector unirlos y ordenarlos como crea acertados, tanto los tiempos como las historias, que se entrelazan sin huecos. Uno de los rasgos más destacables de la novela es este, pues le brinda cierto aire de libre albedrío al lector.
Cabe destacar que, Vargas Llosa, en una ocasión, en una entrevista de A fondo, comentó que tuvo que preparase y documentarse mucho para escribir esta historia. Pasó alrededor de un año leyendo muchos libros acerca de la amazonia, para poder tener mejor conocimiento y descripciones de la selva, y así hacer más creíbles las escenas que se desarrollan en ese lugar.
   
La casa verde, posee una prosa bella que, puede resultar densa quizás, por los cambios de narrador y de tiempos, por momentos alegre, por momentos melancólica o hasta romántica.
Para el que desee adentrarse a la literatura de Vargas Llosa, es mejor, para nada comenzar por este libro. Si bien es de los más recomendados y aclamados por sus lectores, debido a su dificultad relativa que reiteré líneas atrás, podría terminar generando disgusto por las obras del peruano, haciendo que se pierda de la experiencia de leer a este autor, que posee otros trabajos más fáciles de leer y por los cuales recomendaría empezar, también buenos, tales como “La ciudad y los perros”, del cual tengo una reseña también.  
Es una hermosa creación, que vale la pena ser leída, pero no en cualquier ocasión o por cualquier persona, por culpa de su complejidad, la cual requiere cierto nivel de lectura, paciencia e interpretación. No obstante, cuando se puede comprender, resulta ameno y fascinante, y es por esta razón que Vargas Llosa, gracias a este libro consiguió ser condecorado con el  Premio Rómulo Gallegos.

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